Adivinanza de la esfinge

Edipo y la esfinge, pintura de Gustave Moreau.

El enigma de la Esfinge es una adivinanza de la mitología griega formulada por la Esfinge a los viajeros que se dirigían a la ciudad de Tebas. Quien no lograba resolverla era castigado con la muerte, no obstante el héroe Edipo fue el único capaz de resolverlo, liberando así a la ciudad. Este episodio mítico se convirtió en el arquetipo del acertijo en la cultura occidental. Autores como los trágicos áticos y compiladores posteriores tratan el episodio como un exemplum (παράδειγμα, paradigma), es decir, un caso ejemplar de inteligencia frente a monstruo.[1] No ha de confundirse la Esfinge griega (nombre propio) con la esfinge egipcia (nombre común para ciertas criaturas).

La versión más difundida del acertijo es la siguiente:

«¿Qué ser, provisto de una sola voz, camina primero por la mañana sobre cuatro patas, después al mediodía sobre dos y finalmente al atardecer sobre tres?».[1]

La solución propuesta por Edipo fue el ‘hombre’, pues durante su infancia (la mañana de la vida) avanza a cuatro patas (gateo); en la edad adulta (el mediodía de la vida) camina erguido sobre dos piernas y durante la vejez (el atardecer de la vida) se ayuda de un bastón, como una “tercera pata”.[2]

Contexto mitológico

Durante el reinado de Creonte una gran calamidad cayó sobre Tebas, pues Hera envió a la Esfinge como castigo para los tebanos. El monstruo tenía rostro y pechos de mujer, pero patas y cola de león, y además alas de pájaro. Había aprendido de las Musas un enigma, y situada en el monte Ficio se lo planteaba a los tebanos. Según un oráculo, los tebanos se librarían de la Esfinge cuando resolvieran el enigma; por ello a menudo se reunían tratando de hallar la respuesta, y como no la encontraban, la Esfinge se apoderaba de uno de ellos y lo engullía. Habían perecido ya muchos, y el último Hemón, hijo de Creonte. Cuando este pregonó que otorgaría el reino y la esposa de Layo a quien descifrase el enigma, Edipo, habiéndolo oído, encontró la solución y dijo que el enigma propuesto por la Esfinge se refería al hombre. Entonces la Esfinge se arrojó desde la acrópolis y Edipo obtuvo el reino y se casó con su madre sin reconocerla.[3][4]

Segundo enigma

Algunas tradiciones eruditas posteriores atribuyen a la Esfinge un segundo enigma:[5]

«Hay dos hermanas: una da a luz a la otra y esta, a su vez, da a luz a la primera».[5]

La solución es el ‘día y la noche’ (pues en griego ambas palabras son de género femenino), entendidos como realidades cíclicas que se suceden mutuamente.[5]

Referencias

  1. 1 2 Sobre la Esfinge y su enigma, cf. El escudo de Heracles 33; Eurípides: Las fenicias 45 ss. y escolio; Higino: Fábulas, 67; Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV, 64, 3; Sófocles: Edipo Rey, 391 ss.; Pausanias: Descripción de Grecia IX 26, 2—4
  2. ↑ Eduardo Dallal y Castillo (Coord) (2000). De la Edad Adulta a la Vejez. Plaza y Valdes. pp. 330-. ISBN 978-970-722-245-8.
  3. ↑ Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica III 5, 8
  4. ↑ Santos López Pelegrín (1845). Panlexico, vocabulario de la fabula. Imprenta y Librerias de don Ignacio Boix, editor. pp. 142-.
  5. 1 2 3 La atribución de este segundo enigma a la Esfinge es el resultado de una reinterpretación tardía del mito. En el Renacimiento, autores como Natalis Comes amplían el contenido alegórico de los relatos mitológicos. En la Ilustración, obras como la ''Encyclopédie'' de Diderot y d’Alembert consolidan la idea de que la Esfinge proponía varios enigmas. En el siglo XIX, la filología académica, especialmente en el ''Ausführliches Lexikon der griechischen und römischen Mythologie'' de Roscher, distingue entre el enigma clásico y las variantes secundarias procedentes de la tradición de acertijos.

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