Alfredo Goldschmidt

Musica

Alfredo Goldschmidt es un rabino, músico y cantor litúrgico argentino, reconocido por su labor en la enseñanza musical y la transmisión de la tradición judía a través del canto y la práctica comunitaria. Su trabajo integra elementos de la música académica, la liturgia judía y la educación informal, destacándose por su enfoque en la música como herramienta de identidad cultural y cohesión social.

Formación e inicios

Alfredo Goldschmidt nació en Argentina, donde inició su formación musical a temprana edad. A los cinco años comenzó estudios de piano, siguiendo un camino académico tradicional. Sin embargo, durante su adolescencia experimentó un cambio significativo en su relación con la música.

A los catorce años, en el contexto de un campamento juvenil, entró en contacto con el acordeón, instrumento que redefinió su enfoque musical. A partir de entonces, abandonó progresivamente el estudio formal del piano y adoptó una práctica basada en la escucha, la memoria y la improvisación, alejándose del modelo estrictamente partitural.

Desarrollo musical y vocación pedagógica

Desde los dieciséis años, Goldschmidt comenzó a desarrollar una vocación pedagógica al organizar coros juveniles y participar activamente en movimientos educativos. Su enfoque se centró en la creación de espacios comunitarios donde la música funcionara como medio de encuentro y participación.

El acordeón se convirtió en un instrumento central en su práctica, no como vehículo de virtuosismo, sino como herramienta para facilitar la interacción colectiva. Su trabajo en campamentos, instituciones educativas y comunidades judías ha estado orientado a promover la participación activa en la música, priorizando la experiencia compartida sobre la interpretación individual.

Música, tradición y educación

Uno de los ejes principales de su trayectoria es el uso de la música como medio de transmisión de la tradición judía. A través del canto en hebreo y ladino, Goldschmidt ha contribuido a la enseñanza de contenidos culturales y religiosos, especialmente entre jóvenes.

Su enfoque pedagógico concibe la música como un canal para la construcción de identidad y memoria colectiva. En este sentido, su labor se inscribe en una tradición histórica donde el canto cumple un rol fundamental en la continuidad cultural del pueblo judío.

Labor como rabino y cantor litúrgico

En su rol como rabino y jazán (cantor litúrgico), Goldschmidt ha desarrollado una práctica que integra música y espiritualidad. Sus interpretaciones litúrgicas, frecuentemente acompañadas por acordeón, buscan transformar los servicios religiosos en experiencias participativas.

Particularmente en la celebración del Shabat, su enfoque enfatiza la dimensión educativa y emocional del canto, promoviendo la conexión entre los participantes y la tradición.

Influencias musicales

Entre sus influencias musicales se encuentran destacados exponentes del canto lírico como Enrico Caruso, Beniamino Gigli y Luciano Pavarotti, a quienes reconoce por su capacidad interpretativa y expresiva.

En el ámbito del canto litúrgico judío, ha señalado la influencia de Naftali Herzstik, figura destacada en la tradición jazánica contemporánea.

Actividad contemporánea

En la actualidad, Goldschmidt difunde su trabajo también a través de plataformas digitales, donde comparte interpretaciones musicales con un enfoque pedagógico. Su producción incluye repertorio en hebreo y ladino, manteniendo una orientación hacia la transmisión cultural más que hacia la perfección técnica.

Su propuesta artística se caracteriza por entender la música como proceso y experiencia colectiva, en contraste con modelos centrados en el producto final o el consumo individual.


Su historia, en apariencia sencilla, remite a un origen clásico: un niño en Argentina que, a los cinco años, pide estudiar piano. Pero no es en el rigor académico donde se define su trayectoria, sino en un giro casi accidental. A los catorce años, en un campamento juvenil, el encuentro con un acordeón transforma su relación con la música. Deja el piano, abandona la partitura como centro, y comienza a construir un lenguaje basado en la escucha, en la memoria y en la presencia.

No es un cambio menor: es el paso de la interpretación formal a la vivencia musical.

Desde entonces, su camino ha estado marcado por una constante: la música como herramienta de encuentro. A los dieciséis años organiza su primer coro juvenil, gesto que anticipa lo que será su vocación central: enseñar. Pero no enseñar en el sentido rígido de la instrucción, sino en el más complejo —y quizás más profundo— de generar comunidad.

En movimientos juveniles, campamentos y espacios educativos, el acordeón aparece no como protagonista, sino como mediador. No se trata de exhibición, sino de participación. La música deja de ser espectáculo para convertirse en vínculo.

Pero es precisamente en la educación de las nuevas generaciones donde su labor adquiere un significado más profundo. En un contexto donde la identidad puede diluirse fácilmente, la música se convierte en un canal privilegiado para transmitir tradición. A través del canto en hebreo, de las melodías en ladino y de la experiencia compartida, los jóvenes no solo aprenden canciones: se insertan en una historia, en una memoria colectiva.

En este sentido, la música cumple una función que va más allá de lo pedagógico: se convierte en vehículo de continuidad cultural. La tradición judía, transmitida durante siglos a través de la palabra y el canto, encuentra en prácticas como las de Goldschmidt una forma viva de proyectarse hacia el futuro. No se trata únicamente de preservar, sino de hacer habitable esa herencia para nuevas generaciones.

En su rol como rabino y jazán, esta dimensión se intensifica. La liturgia, lejos de ser un acto estático, se transforma en experiencia compartida. El canto, acompañado por el acordeón, abre un espacio donde tradición, emoción y aprendizaje convergen. La recepción del Shabat, en sus manos, deja de ser únicamente un rito para convertirse en una vivencia formativa.

Cuando se le pregunta por sus influencias, Goldschmidt no duda en nombrar a grandes figuras del canto. Allí aparecen Enrico Caruso, Beniamino Gigli y, con especial énfasis, Luciano Pavarotti. No es casual: en ellos reconoce no solo técnica, sino una cualidad más difícil de definir —la capacidad de conmover.

Por Itzjak Camilo Sierra

Alfredo Goldschmidt
Información personal
Nacimiento 4 de agosto de 1945
Buenos Aires, Argentina
Residencia Bogotá, Colombia
Nacionalidad Argentina
Religión Judaísmo
Información profesional
Ocupación Gran Rabino de Colombia

Alfredo Goldschmidt (en hebreo: אלפרדו גולדשמיט; nacido el 4 de agosto de 1945 en Buenos Aires, Argentina) es el gran rabino de Colombia, reconocido como tal por el gobierno de dicho país en 1991.

Primeros años

Goldschmidt nació en Buenos Aires, Argentina, hijo de dos inmigrantes judíos de Alemania, Herman y Else Goldschmidt.[1] Realizó su educación primaria en Argentina y luego continuó sus estudios en la Yeshivá del Rabino Samson Raphael Hirsch en Nueva York, Estados Unidos. Se graduó en psicología en el City College.[2] Se preparó en rabinato y educación en el Colegio Rabínico Ner Yisroel de Baltimore, entre 1962 y 1968. Regresó a Argentina para ser docente y rector del Colegio Integral Rabino Iosef Caro por siete años.[1][3]

Colombia

En 1973, la comunidad judía de Bogotá estaba en busca de un rabino, lo que causó que una delegación del Centro Israelita de Bogotá (CIB) viajara a Argentina para encontrar uno.[3] En febrero de 1974, se convierte en rabino del CIB, donde sigue prestando su servicio. En abril, se muda a la capital colombiana. En 1991, es reconocido como el gran rabino de Colombia por el gobierno nacional.[3]

Goldschmidt también ha sido rabino en la escuela judía de Bogotá, el Colegio Colombo Hebreo, siendo activo también en el Kinneret, un movimiento juvenil Sionista.[1]

Desde el inicio de su mandato, el rabino Goldschmidt ha mantenido importantes relaciones interreligiosas con líderes de diferentes creencias en toda Colombia.[4] Goldschmidt participa en varios esfuerzos para traer el Kashrut a Colombia, además, imparte numerosas clases de Torá y se dedica al canto y la música mediante el uso de su acordeón en varios eventos.

Distinciones

En 2021, el Concejo Mundial para la Educación de la Torá le otorgó el Premio al Educador Ejemplar de la Diáspora, una ceremonia que fue realizada virtualmente dado que Goldschmidt no pudo viajar a Israel. Recibió su premio el 23 de octubre de 2022 en Jerusalén, en presencia de Moshe Lion y Shlomo Amar, gran rabino sefardí y Rishon LeZion de Israel.[5]

Véase también

Referencias