Arte fatimí

Mezquita y Universidad de Al-Azhar. El Cairo

El arte fatimí designa la producción artística que tuvo lugar bajo la dinastía de los Fatimí, que reinaron en Ifriqiya y después en Egipto entre 909 y 1171.

Reinando en El Cairo a partir de 969, la dinastía fatimí es una de las pocas dinastías chiitas del mundo islámico y la única cuyos miembros llevan el título de califa. Opuesta a los abasidas, que reinaban en Irak, dieron lugar a una importante producción artística, favorecida por la competencia entre las dos dinastías.

Arquitectura y urbanismo

Mezquita de al-Azhar (969-973), El Cairo, tras la reciente restauración.
Mezquita de Aqmar (acabada en 1125), El Cairo
Patio de la mezquita Al-Hakim (996-1013), El Cairo
Bab al-Muzaynin ('puerta de los Barberos'), principal entrada a la mezquita Al-Hakim

La arquitectura fatimí es el estilo arquitectónico que se desarrolló en el califato fatimí bajo la dinastía homónima de los fatimíes, que reinaron en el Norte de África, en Ifriqiya y después en Egipto, entre 909 y 1171. Fue una de las pocas dinastías chiitas del mundo islámico y la única cuyos miembros ostentaban el título de califa. Enfrentados a los abásidas, que reinaban en Irak, dieron lugar a una importante producción artística favorecida por esa competencia entre ambas dinastías, embarcándose en la construcción de palacios lujosos, sus mayores logros arquitectónicos, que se conocen solamente gracias a descripciones escritas. Varios de los edificios que se conservan —tumbas, mezquitas y murallas que se encuentran principalmente en El Cairo— tienen elementos originales fatimíes, a pesar de que fueron modificados y reconstruidos en épocas posteriores.

Combinaba elementos de la arquitectura oriental y de la occidental, inspirándose en las tradiciones norteafricanas y en la arquitectura abasí, bizantina y copta. Fusionó los primeros estilos islámicos con la arquitectura medieval del sultanato mameluco de Egipto, introduciendo importantes innovaciones, como el arco en quilla y las pechinas de las cúpulas. Usaron generalmente pórticos, domos sobre mihrabs y qiblas y fachadas ornamentadas con iconografías y sobrias decoraciones de estuco, con arcos ciegos, medallones decorativos y frisos con inscripciones. El trabajo en estuco es muy importante, en particular, en los mihrabs.[1] El grabado en madera de las puertas e interiores fue delicado y detallado.

Sus mezquitas seguían un esquema de planta hipóstila, con un patio central rodeado por arcadas con techos generalmente sostenidos por arcos de quilla, inicialmente apoyados sobre columnas con frondosos capiteles de orden corintio. Solían tener elementos como portales que sobresalían del muro, cúpulas sobre mihrabs y qiblas, y ornamentadas fachadas con inscripciones iconográficas y decoraciones de estuco. Los fatimíes también desarrollaron considerablemente la construcción de mausoleos, siendo el mashad, un santuario que conmemora a un descendiente del profeta Mahoma, un tipo característico de su arquitectura.

Sus mayores logros se erigieron en sus principales ciudades: en Mahdía (909-948) —con la Gran Mezquita, finalizada en 916—, en Al-Mansuriya (948-973) y en Al-Qahira ('La Victoriosa') (973-1169), hoy la vieja ciudad de El Cairo fundada en 969 en la ribera oriental del río Nilo, que fue el gran centro de su actividad, donde se erigieron muchos palacios, mezquitas y otros edificios.[2] Se llevaron a cabo construcciones a gran escala durante los reinados de al-Mui'zz (r. 953-975), Al-Aziz Billah (r. 975-996) y al-Hakim (r. 996-1021).[3] Varias tumbas, mezquitas, puertas y murallas que se conservan, principalmente en El Cairo, conservan elementos originales, aunque han sido ampliamente modificadas o reconstruidas en períodos posteriores.

Algunos ejemplos notables cairotas son las mezquitas de al-Azhar (969-973) —la espléndida, la primera mezquita congregacional fundada a la vez que la ciudad y que, junto a su institución adyacente de aprendizaje superior (la Universidad de al-Azhar), se convertiría en el centro espiritual del ismailismo chií—, la de Al-Hakim (996-1013) —que jugó un rol muy importante en las procesiones y ceremonias que enfatizaron los roles religiosos y políticos del califa—, la de Lulua (1015-1016), la de Yuyushi (acabada en 1085) y la de Aqmar (acabada en 1125). Al-Aziz Billah (r. 975-996) es generalmente considerado el mayor constructor fatimí, y se le reconocen al menos trece hitos importantes, como el palacio Dorado, la mezquita de El Cairo, una fortaleza, un belvedere, un puente y unos baños públicos. Tres puertas monumentales de la era fatimí en El Cairo, construidas bajo las órdenes del visir Badr al-Jamali (r. 1073-1094), han sobrevivido: Bab al-Nasr (1087), Bab al-Futuh (1087) y Bab Zuwayla (1092). A pesar de que han sido alteradas, tienen características de arquitectura bizantina, con pocas trazas de la tradición islámica oriental.

Muchas de las características y técnicas de la arquitectura fatimí continuaron utilizándose en la arquitectura de sus sucesores, los ayubíes,[4] y, de forma más general, en la arquitectura de El Cairo posterior.[5] Recientemente ha surgido un estilo neo-fatimí,[6] utilizado en restauraciones o en la edificación revival de mezquitas chiitas modernas por los Bohra Da'udí,[7] que supuestamente continúa la arquitectura fatimí original.[8]

Objetos

Desde el punto de vista de los objetos, se pueden citar varias producciones importantes: la madera tallada, la cerámica barnizada, el cristal de roca y el vidrio tallado, así como la industria textil. El arte del metal existe, obviamente, pero está algo menos desarrollado que en otras épocas. Por el contrario, el período fatimí marca una edad de oro de la joyería y la orfebrería.

Madera

Friso epigráfico de madera que lleva una inscripción en cúfico, final del siglo X.

La escultura en madera se conoce especialmente bien gracias al cálido clima egipcio, que permitió la conservación de numerosas obras. Se conocen sobre todo frisos, a menudo fragmentarios, con una iconografía variada: animales, personajes en distintas posturas y actitudes. Los motivos principales van acompañados siempre de motivos vegetales decorativos. También se emplea la marquetería, y existe algunos ejemplos de madera finamente incrustada de marfil.

Cerámica

La cerámica barnizada en pasta arcillosa, después silícea, está muy presente en el mundo fatimí. Se cree que se producía más bien en Siria, pero podría ser también que hubiera existido en El Cairo un centro de alfarería. El barnizado fatimí tiene la particularidad de ser de color amarillo dorado, brillante, y se divide en dos períodos. Inicialmente, el decorado es figurativo, ilustrando con personajes o animales. Posteriormente, prevalece la abstracción y las formas se simplifican. Los especialistas distinguen numerosos grupos diferentes. Citaremos el de Tell Minis, que podría también ser Ayubí. Su nombre proviene de una ciudad siria dónde se han encontrado numerosas vajillas barnizadas, sin que se tenga constancia de la existencia de un taller.

La iconografía se reduce generalmente a un animal o un personaje de gran tamaño en el centro, sobre un fondo de arabescos.

Piedra dura

Aguamanil de los pájaros, cristal de roca, final del siglo X o principios del XI, procedencia: tesoro de la Basílica de Saint-Denis, museo del Louvre.

El cristal de roca es una piedra especialmente delicada de trabajar. Los artesanos la trabajan solamente por abrasión, es decir, por desgaste con arena. Hay que pensar en el número de horas que habrán necesitado obras como la serie de aguamaniles del siglo X, cuyo más bello ejemplo se encuentra en el tesoro de la Basílica de San Marcos de Venecia. Otro ejemplo, el aguamanil de los pájaros, se encuentra en el museo del Louvre. También existen objetos más pequeños y más compactos que sirven para frascos de perfume por ejemplo, y que en occidente se reutilizaron como relicarios. Puede tener formas geométricas, decoradas con motivos vegetales, y son conocidos también una serie de pequeños animales, en particular, leones.

Vidrio

Se utiliza mucho también el vidrio; a menudo tallado, lo que constituye siempre una hazaña, para una materia tan frágil. Uno de los objetos más importantes es un cuenco en vidrio opaco de color turquesa tallado, conservado en el tesoro de San Marcos de Venecia. Un detalle divertido: lleva grabado el nombre Khurasan, nombre de una provincia del este de Irán, aunque los científicos han podido determinar claramente que se había tallado en Egipto. En efecto, es del este de Irán la región de dónde es originaria la técnica del vidrio tallado y de dónde procedían las turquesas, piedras preciosas. Esta falsa inscripción daba hasta cierto punto un mayor valor al objeto haciendo creer que se habían utilizado turquesas. Pero los vidrios tallados no son el único tipo de obras conservadas en este material. El Egipto fatimí, en efecto, es también un importante productor de vidrio pulido, técnica que casi desaparecerá con el final de la dinastía chiita.[9]

Referencias

  1. ↑ Grabar, Oleg (1969). Imperial and Urban Art in Islam: The Subject Matter of Fatimid Art. Colloque International sur l‘Histoire du Caire. El Cairo. pp. 173-189.
  2. ↑ Jarzombek y Prakash, 2011, p. 384.
  3. ↑ Bloom y Blair, 2009, p. 71.
  4. ↑ Bloom, 2012.
  5. ↑ Behrens-Abouseif, 1992.
  6. ↑ Sanders, 2008, p. 130.
  7. ↑ Madraswala, 2020, p. 142.
  8. ↑ Madraswala, 2020, p. 90.
  9. ↑ Simerg – Insights from Around the World (ed.). «Fatimid Rock Crystal Ewers, Most Valuable Objects in Islamic Art». Consultado el 9 de febrero de 2029.

Enlaces externos