Belicismo

Representación de la toma de Jerusalén en la Primera Cruzada
La guerra santa sigue la doctrina belicista, en tanto que justifica ir a la guerra por un bien mayor. (En la imagen, representación de la toma de Jerusalén en la Primera Cruzada)

El Belicismo es, junto al realismo político y el pacifismo, una de las tres principales perspectivas sobre la guerra. Los discursos belicistas proclaman la bondad de la guerra, presentándola como un posible bien. Esto no significa que toda contienda sea considerada buena, si no que puede serlo.[1]

Lo que el belicismo sostiene es que una guerra es admisible cuando es buena. Esta bondad se entiende ante todo en sentido subjetivo, no objetivo. Basta que una contienda represente un bien o reporte un beneficio para que la postura belicista la catalogue de aceptable. En ocasiones, la bondad subjetiva y la objetiva pueden coincidir, cuando el sujeto beligerante se considera a sí mismo representante de la humanidad, pero no tiene por qué hacerlo. Los principales motivos por los que el belicismo acepta una guerra suelen ser por considerarla santa, humana o progresista.

Corrientes del belicismo

El belicismo conoce muchas formulaciones a lo largo de la historia, pero pueden distinguirse principalmente dos grandes corrientes: la escatológica y la teológica.

En la perspectiva escatológica, la bondad de la guerra tiene un sentido que trasciende la existencia humana. Podemos encontrar posiciones religioso-teológicas (la guerra como irrupción de lo ultraterreno, como ocasión de alcanzar la trascendencia) y posiciones filosófico-ideológicas (la guerra como algo inherente a la condición humana). En estas últimas, aunque la guerra se vea generalmente como una maldición, también puede entenderse, de algún modo, como una bendición, en tanto que aviva las facultades humanas y contribuye al desarrollo cultural o al progreso histórico.

En la perspectiva teleológica, la bondad de la guerra es efecto inmediato o consecuencia directa de la propia contienda. Se distinguen posiciones sociologistas (la guerra reporta progreso moral, cultural, científico y económico) y posiciones biologicistas (la guerra opera una selección en el proceso evolutivo, garantizando la supervivencia y hegemonía de los más fuertes). En ambos casos, la guerra es presentada como un medio para obtener beneficios concretos. Las posiciones biológicas, características de los alegatos belicistas autoritarios (como los fascismos), solo resultan aceptables cuando tienen expectativas favorables en la posible contienda.

Referencias

  1. ↑ García Soto, Luis (2003). «IV. O Belicismo». Paz, guerra e violencia (en galego). p. 47.