Castigo de un colegial

Castigo de un colegial
Ubicación Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (Italia)
Técnica fresco
Dimensiones 50 centímetros × 68 centímetros

Castigo de un colegial es un fresco que se encontraba en la casa de Julia Felix y se conserva en el interior del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Historia

Realizado en un período entre 62 y 79,[1] el fresco era parte de un largo friso que decoraba el atrio de la casa de Julia Felix:[1] este tenía como tema escenas de la vida cotidiana en el foro, probablemente el de la misma Pompeya.[2] Encontrado durante las investigaciones arqueológicas que involucraron la casa, el friso fue separado de su ubicación original en 1757 y de él se obtuvieron doce paneles[2] para ser conservados en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.[3]

Descripción

En la antigua Roma, el maestro era un trabajador libre que dependía de sus honorarios, por lo que la ubicación de su aula dependía de su economía. Cuando esta no le permitía acceso al alquiler de un local o de una pérgola, se veía forzado a instalarse en la calle, bajo los pórticos del foro o algún edificio público cercano, como es este caso. Esto también permitía al maestro darse a conocer y captar nuevos clientes. Como contraparte, maestro y alumnos debían soportar el ruido y movimiento del gentío, así como el vecindario la presencia del grupo escolar. A veces, colocaban unas cortinas para aislarse de los curiosos y que los alumnos no se distrajeran con el ajetreo callejero. El mobiliario se reducía a la cátedra del maestro y bancos para los alumnos, además del material de escritura y lectura. Si se carecía de bancos, los alumnos tenían que traer su propia silla o, en el peor de los casos, sentarse en los escalones del lugar.

El fresco, del cuarto estilo[4] con predominio de colores oscuros, amarillos y rojos,[2] representa el castigo de un alumno: a la izquierda, el maestro, con barba puntiaguda y vestido con túnica larga, ante un grupo de siete alumnos, tres sentados, todos con una tableta sobre las rodillas, y cuatro de pie con ellas en las manos.[5] A la derecha, dos alumnos: uno lleva sobre sus hombros, sujetándolo por los brazos, al compañero que va a recibir el castigo, mientras que otro, arrodillado, lo sujeta por los pies; detrás de ellos, un hombre dispuesto a azotar al alumno con fasces, un manojo de varas de sauce.[4] La escena se desarrolla en un pórtico con columnas decoradas con guirnaldas.[4]

Referencias

Bibliografía

  • Irene Bragantini y Valeria Sampaolo (2009). La pittura pompeiana. Milán: Electa. ISBN 978-88-928-2357-0.