Grupo Austral

Tapa de la Revista Austral, del Grupo Austral

El Grupo Austral fue un colectivo de arquitectos que ejerció una gran influencia en el panorama de la arquitectura y el diseño latinoamericanos a partir de los años 30, tanto a través de sus obras y diseños como por sus publicaciones..

Fundado en septiembre de 1938 en Buenos Aires, sus estatutos fueron concebidos sobre la base de los del GATCPAC (la rama catalana del GATEPAC, Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea).

El primer núcleo de Austral lo forman Antonio Bonet, Jorge Ferrari Hardoy y Juan Kurchan, junto a José Alberto Le Pera, Abel López Chas, Luis Olezza, Ricardo Vera Barros, Samuel Sánchez de Bustamante, Itala Fulvia Villa, Hilario Zalba y Simón Ungar.

Sus integrantes plasmaron sus renovadas ideas arquitectónicas en la publicación que llevó el mismo nombre del grupo, y de la cual se editaron sólo tres números insertados en la revista Nuestra Arquitectura, dirigida por Walter Hylton Scott.

Texto descriptivo del Grupo en la Revista
Tapa Revista Austral

El manifiesto dado a conocer en la primera entrega de la Revista Austral, sostiene “el estudio de la arquitectura como expresión individual y colectiva; el conocimiento profundo del hombre (...) como motor de nuestras realizaciones; la integración plástica con la pintura y la escultura; el planteo de los grandes problemas urbanísticos de la República. Este es el camino trazado a nuestra acción".


El Manifiesto de 1939

El manifiesto del Grupo Austral, publicado en junio de 1939 en el primer número de la revista Austral —suplemento de Nuestra Arquitectura— constituyó una crítica explícita al funcionalismo ortodoxo. El documento sostenía que el funcionalismo, al subordinar la forma a la técnica, había clausurado la dimensión estética y psicológica de la arquitectura. Frente a esa postura, Austral invertía la premisa: proponía partir de una nueva estética que, enraizada en los aportes del surrealismo, pudiera resolver los problemas de la modernidad sin renunciar a la libertad creadora. El manifiesto, redactado en español y francés e ilustrado con imágenes de Dalí, Chagall y De Chirico junto a obras de Gaudí y Le Corbusier, buscaba articular la dimensión individual y la colectiva, la técnica moderna y la expresión plástica.[1]


Obras principales

Entre las realizaciones más significativas del Grupo Austral se encuentran los Ateliers para artistas en la calle Suipacha (Buenos Aires, 1939), proyectados por Antonio Bonet, Ferrari Hardoy y Kurchan. El edificio incorporó nuevos materiales y una exploración conceptual de la fachada que lo convirtió en referente del movimiento moderno local. El edificio de viviendas de la calle Virrey del Pino (1941), proyectado por Ferrari Hardoy y Kurchan, aplicó los principios de la manzana vertical: edificio en altura rodeado de espacio verde, liberando el suelo para uso colectivo. En el campo del diseño industrial, el Sillón BKF —diseñado en 1938 por Bonet, Kurchan y Ferrari Hardoy— alcanzó proyección internacional y fue incorporado a la colección permanente del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York.[2]

Empresas y utopías

En 1941, Buenos Aires cambió para siempre el perfil de su frontera con la inauguración de la avenida General Paz y la aprobación de la construcción de un aeropuerto a orillas del río. La persistente migración que llegaba desde el interior del país comenzaba a generar un cordón obrero cada vez más importante, con los primeros asentamientos precarios. En este contexto, signado también por las repercusiones de la Segunda Guerra Mundial, transcurría la presidencia de Ramón Castillo, envuelta en el escándalo del fraude electoral.

En un primer momento, la Guerra produjo serias dificultades a la economía argentina. Escaseaban muchos productos: desde neumáticos hasta medias de mujer. La falta de transportes también afectó la exportación, pero la crisis fue relativamente pasajera y muy pronto se pudo sacar ventajas de la desgracia: surgieron pequeñas empresas nacionales y la industria siderúrgica se veía impulsada por Fabricaciones Militares.

El movimiento obrero se fue consolidando durante el transcurso de la Guerra, con gran preponderancia de grupos socialistas y comunistas, al tiempo que se producía el ascenso político del general Juan Domingo Perón.

MANIFIESTO DEL GRUPO AUSTRAL (página 1)

En el ámbito intelectual, las vanguardias se alejaban de posiciones nacionalistas e intentaban incorporar nuevas ideas en la vieja Argentina. Así ocurría, por ejemplo, con el grupo Sur, dirigido por Victoria Ocampo. En las artes plásticas surgían los movimientos abstractos, el grupo de Arte Concreto-Invención y el Grupo Madí y, en la arquitectura, el grupo Austral.

Todos ellos formaban parte de una misma tendencia innovadora que intentaba acercar al país a las ideas de la modernidad, a través de utopías que entonces parecían tener el poder de cambiar al mundo.

El germen de la ciudad futura

Hasta fines de la década del treinta, la mayoría de los arquitectos modernos de la Argentina eran críticos respecto de la condición urbana que debían enfrentar. En las primeras décadas del siglo XX, Buenos Aires había crecido desordenadamente, saturando de densidad el antiguo trazado de las Leyes de Indias y los sucesivos planes de maquillaje afrancesado. La ciudad dejaba mucho que desear desde el punto de vista de una planificación coherente.

El grupo Austral, fundado en la primavera de 1938 por los jóvenes Juan Kurchan, Jorge Ferrari Hardoy y Antonio Bonet, entre otros, introdujo la novedad de articular arquitectura moderna y urbanística, en la que la arquitectura era concebida como una manifestación particular de ideas generales y amplias sobre la ciudad.

MANIFIESTO DEL GRUPO AUSTRAL (página 2)

Entre los jóvenes que integraban el grupo se contaban figuras de la talla de Amancio Williams, Mario Roberto Álvarez, Jorge Aslán y Héctor Ezcurra, además de Horacio Vera Ramos, Abel López Chas, Samuel Oliver, José Manuel Felipe Pastor, Simón Ungar y Federico Peralta Ramos, entre otros. Decididos a romper con sus maestros, entendían que la arquitectura era una manifestación de ideas abarcadoras, ligadas directamente a una concepción humanista de la forma de vida.

Los miembros del austral eran corbuserianos no sólo porque concebían a sus proyectos y obras como semillas o fragmentos anticipados de la ciudad futura, sino porque además, como los viejos maestros académicos, pensaban que eran posible (y deseable) imaginar una ciudad como un proyecto a gran escala.

Su propuesta buscaba unir aspectos aparentemente opuestos: por un lado grandes masas poblacionales y por el otro, la naturaleza. Para ellos era necesario recuperar la armonía alguna vez existente entre seres, naturaleza y objetos. Este acto de restauración no podía concebirse por segmentos, sino que era básicamente estético. Así, las estéticas modernas pasaban a convertirse en herramientas al servicio de este fin.

La resolución de la contradicción entre urbe y naturaleza radicaba en la liberación del terreno, es decir la creación de edificios en medio de zonas verdes. Esta acción sólo era posible gracias al uso de las técnicas más modernas de construcción de edificios en altura, las placas que los miembros del Austral llamaban manzana vertical. En este marco teórico se encuadra la obra de la calle Virrey del Pino, una muestra del germen de aquella soñada ciudad futura del grupo Austral.

Enlaces externos

  1. ↑ Gardinetti, Marcelo (2026). «Grupo Austral: El Manifiesto de 1939 y la crítica al funcionalismo». Tecnne. doi:10.5281/zenodo.19986557. Consultado el 25 de mayo de 2026.
  2. ↑ Gardinetti, Marcelo (2026). «Grupo Austral: obras — Ateliers Suipacha, Virrey del Pino y Sillón BKF». Tecnne. doi:10.5281/zenodo.19986557. Consultado el 25 de mayo de 2026.