Palacio de las Veletas

Palacio de las Veletas
bien de interés cultural

Fachada del palacio en la plaza de las Veletas
Localización
País EspañaBandera de España España
Ubicación Cáceres
Dirección Plaza de las Veletas, 5[1]
Coordenadas 39°28′22″N 6°22′13″O / 39.472744444444, -6.3703361111111
Información general
Declaración 3 de junio de 1931
Código RI-51-0000489
Construcción siglo XV
Ocupante Museo de Cáceres

El palacio de las Veletas es un edificio histórico de origen medieval ubicado en la ciudad española de Cáceres. Se ubica en la parte más alta del conjunto monumental de la ciudad, y está construido sobre los restos del alcázar andalusí, del que conserva el aljibe, uno de los elementos arquitectónicos con mayor valor histórico del casco antiguo cacereño.[2][3]

El palacio actual fue construido a finales del siglo XV, con notables modificaciones posteriores, y durante cinco siglos fue un edificio residencial para diversas familias nobles, de las cuales fueron principales promotoras del edificio los Torres y los Ulloa.[2][3] Desde 1932 pasó a ser la sede principal del Museo de Cáceres,[4] que actualmente comparte con la vecina casa de los Caballos.

El palacio fue declarado bien de interés cultural por el Decreto de 3 de junio de 1931, que mencionó específicamente su aljibe,[5] medio siglo antes de que el barrio fuera declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986.[6]

Localización

El palacio se ubica en el sureste del barrio histórico de Intramuros, concretamente en la esquina suroriental de un gran espacio público conocido coloquialmente como «plaza de San Mateo», ubicado en el punto más alto del conjunto histórico. Oficialmente, este amplio espacio público está formado por tres plazas consecutivas, que de oeste a este son denominadas «de San Mateo», «de San Pablo» y «de las Veletas»; el palacio da nombre a esta última plaza, donde tiene su fachada principal, mirando al oeste. La «plaza de las Veletas» separa este palacio del convento de San Pablo y del palacio de las Cigüeñas.[1]

La parcela catastral del palacio forma por sí sola una manzana, y tiene una superficie de 1474 m², de los cuales aproximadamente la mitad corresponden al edificio histórico, y la otra mitad a un patio ajardinado ubicado en su parte trasera, por el sureste. La parcela limita al este con el «rincón de la Monja», una calle de la judería que lo separa de la casa de los Caballos, con la cual el jardín del palacio está conectado mediante un puente, a altura del primer piso. Por el sur, el jardín da a la calle Pereros, que lo separa de la casa de los Pereros. Estas dos calles traseras se hallan mucho más bajas que la plaza, por lo que el norte y el oeste de la parcela del palacio están delimitados por calles en escalera que, con un trazado irregular, intentan salvar el desnivel; el callejón occidental, que pasa junto a la tapia del jardín trasero del citado convento de San Pablo, se conoce como «callejón del Gallo».[1]

Historia

Vista del palacio desde el callejón del Gallo

La antigüedad del solar es difícil de determinar: el edificio se halla construido sobre el antiguo alcázar almohade, de cuya época se conserva en sus sótanos el aljibe, uno de los elementos de mayor valor histórico de este barrio. Debido a que en época andalusí esta localidad no era más que un pequeño ḥiṣn con caserío, se cree que este era el único palacio que existía cuando Alfonso IX reconquistó la fortaleza en 1229, por lo que dicho rey se lo reservó como morada. Su uso como palacio real siguió mencionándose durante un siglo, apareciendo en documentos de Fernando IV sobre una tercería, hasta que finalmente Pedro I lo regaló a unos nobles locales, los hermanos Gil.[2][3]

Durante la primera guerra civil castellana, los Gil apoyaron a Enrique de Trastámara, por lo que Pedro I, cuando ordenó matar a estos nobles por haberle traicionado, hizo destruir el palacio original, del que quedó poco más que el aljibe.[2][3] Sin embargo, algunos restos o reconstrucciones de aquel alcázar debieron sobrevivir durante un siglo, pues esta fortaleza fue definitivamente destruida en 1465 por las tropas de la Orden de Alcántara dirigidas por Gómez de Cáceres y Solís, para apoyar la subida al trono del infante Alfonso tras la farsa de Ávila.[7]

El origen del actual palacio tiene lugar en la guerra de sucesión castellana: en 1477, los Reyes Católicos otorgaron las ruinas del alcázar a Diego Gómez de Torres, cuyo hermano Alfonso era mariscal de Castilla en el bando isabelino. El edificio original fue construido en esos últimos años del siglo XV, pero varios propietarios posteriores lo reformarían: su aspecto actual tiene su origen principalmente en una modificación que hizo la familia noble Ulloa en torno a 1600, época en la que se ha fechado el patio. También destaca la modificación que promovió a mediados del siglo XVIII Jorge de Quiñones, en la que se reorganizó la fachada principal.[2][3]

Desde su construcción en el siglo XV, el palacio siguió siendo, a pesar de su gran tamaño, un mero edificio residencial para familias nobles. A principios del siglo XX, era propiedad de Manuel Falcó y Osorio, marqués de la Mina, quien décadas antes había sido diputado por Cáceres en las Cortes de la Restauración.[3][8] Su período residencial finalizó en 1932, cuando el Museo de Cáceres decidió trasladarse a una nueva ubicación por faltar espacio en la que tenía hasta entonces: el convento jesuita anejo a la iglesia de San Francisco Javier. El traslado del museo llevó a hacer obras de reparación en el palacio de las Veletas, principalmente en el patio y en la cubierta. También datan de esta época las estructuras que hacen que el aljibe sea visitable, un proyecto del arquitecto municipal Ángel Pérez que fue revisado artísticamente por Luis Menéndez Pidal.[4]

Descripción

Estructura

Vista del palacio desde la judería
Detalle de la balaustrada con una de las gárgolas

El palacio es un edificio de planta cuadrada, aunque en su esquina suroccidental sobresale una gran torre cuadrada, hoy menos alta que la casa por estar desmochada. Esta antigua torre, junto con un trozo de la fachada que da al jardín, es de lo poco que se conserva de los orígenes medievales del edificio. Toda la estructura del palacio está hecha principalmente con mampostería, aunque se refuerza con sillares en las esquinas y en los vanos. Las fachadas muestran una fisonomía artística muy heterogénea o incluso desfigurada, fruto de las continuas modificaciones que han ido haciendo sus propietarios a lo largo de los siglos, pero en su conjunto sigue observándose que fue uno de los mayores palacios señoriales que existieron en la antigua villa de Cáceres.[2][3]

En su exterior, lo más representativo es la fachada principal que da a la plaza, procedente de la reforma hecha a mediados del siglo XVIII por iniciativa de Jorge de Quiñones. Tiene cuatro huecos bajos, de los cuales tres son históricos: dos ventanas con rejas, y entre ellas la puerta principal, rectangular; se ha añadido además una puerta de cochera junto a la torre. En la planta alta hay tres balcones, separados por dos grandes escudos con cartelas barrocas, fechados en el siglo XVIII, con coronas voladas y referencias a diversos linajes cacereños, entre los que se hallan los de las familias Torres y Ulloa, las casas nobles que desarrollaron el palacio.[2][3] En la fachada del lateral septentrional, que únicamente cuenta con ventanas enrejadas, hay además un escudo de los Torres junto a uno de los Ulloa, en menor tamaño, sin adornos y actualmente en mal estado de conservación.[9]

Las fachadas que dan al callejón del Gallo y al jardín contrastan notablemente con la principal. Estas fachadas secundarias muestran cómo debió ser el edificio en tiempos de los Ulloa. En los dos tercios de menor altura tuvo pocos y pequeños huecos, distribuidos de forma irregular. Por el contrario, en el último piso había arquerías continuas de ladrillo, hoy cegadas, con arcos de medio punto sobre columnillas.[2][3]

En medio de esta diversidad, la parte superior del edificio muestra lo más homogéneo y representativo del conjunto: sus cuatro fachadas están coronadas por una balaustrada, cuyos balaústres son de barro vidriado verde y blanco, interrumpida a tramos por pilastras de piedra, la mitad de las cuales sustentan alternativamente pináculos. Este conjunto se asemeja más al almenaje de una casa fuerte que a la crestería de un palacio, y se completa con gárgolas, también de barro vidriado.[2][3] La tradición local asocia esta estructura al origen del nombre del palacio, pero existen dudas sobre el significado exacto: o bien algunos pináculos habrían albergado veletas en otro tiempo,[10] o bien los propios pináculos habrían sido confundidos erróneamente con veletas.[11]

Interior del palacio

Patio interior del palacio

La mencionada puerta principal de la plaza comunica por el zaguán al típico patio cuadrado, claustrado de galerías en ambos pisos, con ocho arcos de medio punto, dos en cada lado, sobre columnas toscanas, del carácter clásico tradicional y fechado por su aspecto en el siglo XVI.[2][3]

En el interior del edificio se han catalogado dos escudos de piedra. Uno de ellos, de menor importancia, muestra un león rampante con dos ancoras. El otro, mucho más destacable, es una lápida de mármol ubicada en la galería baja meridional del patio, en el dintel de una de sus puertas. En este último se muestran las armas de los Ulloa, que forman un escudo jaquelado de fajas, entre dos leones. Sobre este escudo hay en dicha lápida de mármol un epigrama latino, que condensa en cierto modo la historia del edificio:[3][9][12]

Arx antiqua fui Maurorum regia quondam
rex quibus Alfonsus fortiter eripuit;
bella sed et tempus tandem rapuere ruina,
Ulloæ iam opera pulchra resurgo domus.
Fui en el pasado antiguo alcázar regio de los moros
de quienes con esfuerzo el rey Alfonso rescató;
las guerras y el tiempo me llevaron a la ruina,
por obra de Ulloa resurjo como pulcra casa.

En algunas de las salas se conservan techos artesonados, con ménsulas decoradas con figuras talladas.[3]

Aljibe

Aljibe del palacio de las Veletas

Hay un piso de sótanos al que corresponde el aljibe árabe, que está debajo del patio.[3] Pero, sin duda, lo más destacable del mismo es el aljibe, excavado en parte en la roca natural. De planta irregular, tiene aproximadamente 15 metros de largo por 10 de ancho. 16 arcos de herradura sustentados por 12 columnas, algunas de origen romano, forman las cinco naves de bóveda de que consta la construcción. Aunque se hayan barajado las hipótesis de su utilidad como baño o mazmorra, su finalidad última era la de almacén de agua de la lluvia. Puede considerarse el más importante y mejor conservado de la península ibérica tanto por sus dimensiones y estructura, seguido por el de Constantinopla.

Museo de Cáceres

El museo alberga colecciones importantes de arqueología, etnografía y bellas artes.

La estatua del Genio Andrógino, célebre figura en la ciudad, se encuentra en la entrada del museo.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos