Rodrigo de Saavedra y Vinent

Rodrigo de Saavedra y Vinent
Información personal
Nacimiento 4 de enero de 1864
Madrid (España)
Fallecimiento 9 de julio de 1926 (62 años)
Bruselas (Bélgica)
Nacionalidad Española
Información profesional
Ocupación Diplomático y autor
Cargos ocupados

Rodrigo de Saavedra y Vinent, II marqués de Villalobar (1864-1926), fue un diplomático español que desplegó una gran labor humanitaria durante la ocupación alemana de Bélgica en la Primera Guerra Mundial.[1]

Datos biográficos

Nació en Madrid el 4 de enero de 1864, hijo mayor de Ramiro de Saavedra y Cueto, I marqués de Villalobar, y nieto del tercer y más famoso duque de Rivas. Obtuvo su despacho de agregado diplomático en 1887. Sucedió a su padre como marqués de Villalobar en 1896, al fallecimiento de este.

Nació con muchas deformidades físicas, que dificultaban su movilidad. La emperatriz de Francia Eugenia de Montijo, que siempre le aconsejó y le apoyó, se interesó por su problema siendo él aún muy joven. Más tarde aprovecharía sus viajes a Bélgica para tratar de solucionarlas haciéndose construir un arnés metálico que se sujetaba a su cuerpo y le sujetaba los brazos y piernas con un sistema de prótesis articuladas, lo que le acarreó alguna anécdota.[2]

Se decía de él que poseía un espíritu muy fino y un gran sentido del humor,[1] y que sabía mostrarse afable. Poseía un acentuado sentido del deber y era leal sin fisuras a su soberano, el rey Alfonso XIII.[1]

Matrimonio y descendencia

Contrajo matrimonio tardíamente en Bélgica, en 1911, con María de la Aurora Ozores y Saavedra (1871-1939), su prima carnal, VIII marquesa de Guimarey. Ella estaba viuda del marqués de Casa Pavón, y tras el fallecimiento de Villalobar, volvería a casar con el marqués de Monsolís, pero solo tuvo prole de Villalobar. Tuvieron por hijo único a Carlos de Saavedra y Ozores (1912-2004), III marqués de Villalobar y IX de Guimarey, que casó con la princesa Isabel María de Ligne, hija de Eugène Frédéric Marie Lamoral de Ligne, XI príncipe de Ligne, y de Philippine Marie Cécile Douce de Noailles, su mujer, de los príncipes de Poix. Con descendencia en que siguen los marquesados de Villalobar y Guimarey.

Carrera inicial

En 1891 estuvo un corto tiempo en Washington como agregado en la legación de España; y participó como delegado español en la Feria Colombina de Chicago en 1893. Parece que nuevamente pasó por Washington en 1895. En 1900 fue delegado español en la Exposición Universal de París, y en 1901 fue nombrado secretario en la embajada de España en París.

En 1904, fue enviado como secretario a la embajada en Londres, y posteriormente ascendido a ministro consejero. Durante su estancia en Londres, Villalobar actuó como persona de confianza del rey Alfonso XIII en su cortejo a la princesa Victoria Eugenia de Battenberg y en los preparativos de su boda. Trabó además amistad con el rey británico Eduardo VII y con muchos miembros de la aristocracia política, amistades que le serían útiles durante la Primera Guerra Mundial.

Permaneció en Londres hasta 1909, año en que, tras un breve paso por Madrid, en el mes de julio se incorporó de nuevo a la legación de España en Washington como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, su primer destino como jefe de misión. Viajó a su destino en el transatlántico Lusitania, tristemente famoso porque sería torpedeado seis años después. En los nueve meses que pasó allí, poco pudo hacer. Debía ser un período particularmente difícil para las relaciones bilaterales, por el poco tiempo que había transcurrido desde la breve guerra hispano-estadounidense de 1898. Se integró rápidamente en la vida social de Washington, donde trataba asiduamente al presidente Taft, al secretario de estado Knox y a los más influyentes miembros del gobierno. A juzgar por las crónicas de los diarios de la época, recibía brillantemente en su casa de 1521 New Hampshire Avenue. En agosto de 1909, hizo un viaje a Toledo, en el estado de Ohio, cuyo alcalde era Brand Whitlock, a quien Villalobar se encontraría cinco años más tarde como ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Bruselas y con quien trabaría una buena amistad. En octubre del mismo año, hizo un viaje oficial a San Francisco.

En marzo de 1910, fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la legación de España en Lisboa. Por aquel entonces estaba a punto de estallar en Portugal la revolución que derrocaría la monarquía. La actuación de Villalobar en Lisboa fue bastante conflictiva porque no solo estuvo físicamente al lado del rey Manuel II durante sus últimas horas antes del exilio, sino que después desplegó gran actividad, a veces abiertamente provocativa al nuevo régimen, intentando restablecer la monarquía e incluso buscando excusas para provocar una invasión española de Portugal, probablemente siguiendo instrucciones directas del joven rey Alfonso XIII. Esa actuación no gustó a los nuevos dirigentes del país.

Tanto en París como en Londres, Washington y Lisboa, Villalobar estableció contactos amistosos con diplomáticos de otros países, entre otros de Alemania, que le servirían sobremanera posteriormente en Bruselas.

Primera Guerra Mundial

El 10 de marzo de 1913 fue destinado a Bruselas como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la legación de España.[1] Pasó allí toda la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la cual España se mantuvo neutral y por ello jugó un papel de mediador entre los contendientes.

Busto del marqués de Villalobar erigido en memoria de una fiesta de jardín organizada para los huérfanos de guerra belgas y franceses en la finca Val Duchesse (Bruselas) el 8 de septiembre de 1917.

Cuando las tropas alemanas invadieron Bélgica en 1914, violando su neutralidad, todos los representantes diplomáticos decidieron seguir al gobierno belga en el exilio a Le Havre, en Normandía, excepto tres de países neutrales: los de España, Estados Unidos y Países Bajos (este último dejó un encargado de negocios).[3] El ministro de Estados Unidos, Brand Whitlock, era conocido de Villalobar. Juntos desplegaron una intensa labor en muchos frentes como ministros “protectores” de Bélgica.

En los primeros días de la invasión alemana, Villalobar se hizo cargo de los intereses diplomáticos de una larga lista de potencias beligerantes, la cual se alargó todavía más con la sucesiva entrada en guerra de otros países y en particular, en 1917, cuando Whitlock abandonó Bruselas al declararle Estados Unidos la guerra a Alemania. Villalobar colaboró con las autoridades municipales con objeto de que Bruselas no fuera bombardeada, lo cual repetiría semanas más tarde a favor de Amberes, esta vez a petición de las autoridades alemanas, y estableció desde el primer momento una relación duradera con el gobierno alemán de ocupación, que siempre sería operativa, aunque en ocasiones la tensión llegase a niveles próximos a la ruptura.

Villalobar acudirá asimismo al gobierno alemán para asistir la situación de residentes españoles, especialmente la de los que se vieron envueltos en atrocidades alemanas como la masacre de Lovaina, pero también para ayudar a los belgas, intentando evitar deportaciones de civiles, intercediendo por determinadas personalidades patrióticas como Adolphe Max, burgomaestre (alcalde) de Bruselas y por los catedráticos Henri Pirenne y Paul Frédéricq [3] y, en general, procurando suavizar los comportamientos alemanes haciaa la población civil.

El barón von der Lancken, que fue su principal interlocutor entre las autoridades de ocupación, le pidió consejo a propósito de un famoso enfrentamiento con el cardenal Mercier, primado de Bélgica y arzobispo de Malinas, motivado por una carta pastoral de este último. Villalobar le aconsejó actuar con moderación hacia el cardenal, lo cual fue debidamente recogido por los alemanes, evitando mayores males, y agradecido por la diplomacia de la Santa Sede.

El rey Alfonso XIII había montado en el Palacio Real de Madrid una oficina “Pro Captivis” dedicada a ayudar a los prisioneros de guerra de ambos bandos. Esta oficina tuvo en Villalobar un decidido colaborador, al usar éste sus buenos contactos con los alemanes para interesarse por un sinfín de prisioneros aliados y conseguir casi siempre, bien su liberación, bien una humanización de sus condiciones de cautiverio. También intentó, sin éxito, poner en marcha negociaciones de paz en las que el rey Alfonso XIII actuara como árbitro y defendió que España continuase neutral, contribuyendo por ello a la campaña que llevó a la dimisión del primer ministro Romanones, que era partidario de unirse al bando aliado.[4]

El caso Edith Cavell

Una de las actuaciones más dramáticas de Villalobar se refiere a sus esfuerzos desesperados, en el transcurso de la noche del 12 al 13 de agosto de 1915, para que se pospusiera la ejecución de la enfermera británica Edith Cavell. Cavell había sido condenada a muerte en juicio sumarísimo por un tribunal militar alemán, por haber cobijado en su hospital en Bruselas a hasta doscientos soldados belgas, franceses e ingleses (prisioneros evadidos y pilotos abatidos) y haberles ayudado a huir de Bélgica y reintegrarse a sus puestos de combate. Villalobar fracasó en su empeño, no sin haber pasado una buena parte de aquella fatídica noche acosando hasta altas horas a sus contactos alemanes del más alto nivel, extralimitándose incluso en sus prerrogativas diplomáticas, y elevándoles la voz una y otra vez, incluso para exigir que se despertara por teléfono al propio Kaiser.[3]

Ayuda humanitaria

Las actuaciones de Villalobar que dejaron una huella más profunda en Bélgica fueron las conducentes a evitar el hambre para la población belga, de siete millones de habitantes. Siendo Bélgica un país que no producía más que una pequeña parte de los alimentos que consumía, en tiempos de paz importaba el resto de sus necesidades pero los británicos habían establecido un bloqueo naval que impedía a Alemania y a los territorios ocupados por ella realizar intercambios comerciales con el extranjero. Además, los ocupantes alemanes pretendían alimentar con los recursos del país tanto a las tropas como a la administración civil de ocupación.

Por lo tanto, había que:

  1. financiar y organizar la compra de alimentos, principalmente en Estados Unidos, a una escala masiva;
  2. convencer a los ingleses que dejaran pasar dichos alimentos a través de su bloqueo;
  3. obtener de los alemanes el compromiso de que sus submarinos no torpedearían los barcos de ayuda humanitaria; y
  4. obtener de los alemanes que no utilizaran para sus propias tropas o la administración civil de ocupación los alimentos así obtenidos.

Esta labor ingente y pionera fue el fruto de los esfuerzos coordinados de varias personas influyentes: ante todo, el ingeniero estadounidense Herbert Hoover, futuro presidente de su país, que, desde Londres, encontró los alimentos, obtuvo financiación para su compra y los puso “en puertas” de Bélgica; Émile Francqui, financiero belga que organizó su distribución y parte de su financiación; otros importantes hombres de negocio belgas, como los barones Ernest Solvay, Janssen y Lambert; y los “ministros protectores”, principalmente de España y de Estados Unidos, y en menor medida el encargado de negocios de los Países Bajos, que negociaban duramente con los alemanes día a día para conseguir acuerdos y vigilar que éstos se respetasen.

El resultado fue que la población belga y la del norte ocupado de Francia sobreviviesen al hambre durante los cuatro años de la guerra.

Final de la guerra

En las últimas semanas de la guerra, tropas alemanas inspiradas por la revolución soviética tomaron el control tanto de las fuerzas de ocupación como de la administración civil de Bélgica. Los ejércitos aliados estaban avanzando pero se encontraban todavía lejos de Bruselas, en la cual reinaba un gran nerviosismo. Villalobar quedó en el singular papel, ante el vacío de poder, de asumir la representación de todos los estados beligerantes (incluida Alemania) ante las únicas autoridades “in situ”, las municipales; coordinó la retirada alemana con el avance de las tropas belgas comandadas por el rey Alberto y ocupó un lugar destacado, en representación de España, en todos los actos de celebración de la victoria.

Las memorias escritas después de la guerra por el ministro norteamericano Whitlock y el gobernador alemán Von der Lancken muestran a Villalobar como amigo y simpatizante indiscutible de los belgas, pero siempre respetado por las autoridades alemanas. Su relación con Von der Lancken fue excelente, y con Whitlock se puede hablar de fuerte amistad, mientras que con Herbert Hoover la relación se caracterizó por su hostilidad.[1]

Últimos años

Al término de la Gran Guerra, la legación española en Bruselas fue elevada al rango de embajada, y Villalobar nombrado embajador. Fue nombrado también ciudadano de honor de Bruselas, Amberes, Brujas, Gante, Lieja y otras siete ciudades belgas; recibió otras muchas distinciones e innumerables muestras de afecto por parte del pueblo belga. En 1921 fue ascendido a embajador de carrera.

Falleció a consecuencia de una peritonitis, tras una breve agonía en que conservó toda su cabeza, el 9 de julio de 1926, cuando era todavía embajador en Bélgica.[1] El gobierno belga le honró con un funeral de estado en Bruselas,[3] y fue enterrado en Madrid.

Villalobar recibió los títulos de gentilhombre de cámara de su Majestad y maestrante de Zaragoza, y a lo largo de su carrera fue condecorado con las Órdenes de Carlos III, Isabel la Católica, Leopoldo (de Bélgica), y San Gregorio Magno (de la Santa Sede), así como la Legión de Honor francesa y la Royal Victorian Order británica. No era grande de España, dignidad que, sin embargo, tanto la prensa como sus interlocutores le presuponían casi unánimemente, por el prestigio de que gozó.

Posteridad

Villalobar tiene un busto en el Senado belga, un otro en la finca Val Duchesse y un tercero en la Escuela Diplomática en Madrid. Figura, además, en un tapiz en el Senado belga que representa la entrada victoriosa del rey Alberto en Bruselas en 1918. Una lápida conmemorativa de su labor preside el zaguán de entrada de la cancillería de la embajada de España en Bruselas. Una calle de Bruselas lleva su nombre. La que llevaba su nombre en la “Colonia de los Diplomáticos” en Aravaca (Madrid) se llama desde hace algunos años “Monoceros”, por lo que Villalobar no tiene calle en su ciudad natal. Nombraron en su honor una orquídea Cattleya Aurea, var. Marquis de Villalobar, en los invernaderos del famoso Priorato de Val Duchesse (en Auderghem, Bélgica). En la pequeña iglesia de Notre-Dame-aux-Bois, en las afueras de Bruselas, hay una vidriera que representa a los reyes de España y, en segundo plano, al marqués de Villalobar. Por último, una placa en el n.º 11 de la rue Archimède, actual sede de la Association Pharmaceutique Belge, recuerda que Villalobar residió en esa casa de 1913 a 1919.

El hijo único de Villalobar fue, de 1982 a 1987, presidente de la Cámara de Comercio de Bélgica y Luxemburgo en España. Este organismo creó en memoria del diplomático el Premio Marqués de Villalobar, con el que distingue a personalidades e instituciones que hayan favorecido las relaciones económicas, políticas o culturales entre los tres países, en un contexto europeísta. Carlos Saavedra fue el primer premiado en 1987, al cesar en el cargo.[5]

En 2011, parte del archivo particular del marqués de Villalobar se puso a la venta en Ankara.[6]

Referencias

  1. 1 2 3 4 5 6 Debruyne, Emmanuel (2016). «Villalobar, Rodrigo de Saavedra y Vinent, Marqués de». En Daniel et al., Ute, ed. 1914-1918-online International Encyclopedia of the First World War (en inglés). doi:10.15463/IE1418.10893. Consultado el 22 de marzo de 2026.
  2. ↑ Ejemplo de ello fue lo que sucedió en Palacio el día que María Cristina de Habsburgo dio una fiesta de presentación en sociedad de sus hijas, las infantas María de las Mercedes y María Teresa. Durante un vals de la fiesta, un ruido sobresalto a todos los presentes, que inmediatamente dejaron de bailar. En ese momento la reina pregunto a su camarera mayor: -¿Por qué se ha interrumpido el baile? - Nada, majestad -contestó la sirvienta. Sólo que el marqués de Villalobar se ha desmontado sobre el parquet. El marqués, que pese a todo era un hombre muy presumido, se había "desmontado" dejando sobre la pista de baile su pierna y dentadura postizas, el peluquín que ocultaba su calvicie y las alzas de los botines con las que trataba de disimular su baja estatura. Sin poder levantarse y viéndose rodeado de gente que se disponía a ayudarle dijo: "tranquilos todos, no me toquen, avisen por favor a mi criado que sabe cómo se monta todo otra vez". Y es que su sirviente era el que se encargaba todos los día de fijarle la armadura y de quitársela antes de dormir. http://www.erroreshistoricos.com/curiosidades-historicas/1012-rodrigo-de-saavedra-y-vinent-el-marques-que-se-desarmo.html Archivado el 4 de marzo de 2016 en Wayback Machine.
  3. 1 2 3 4 Prado, Fernando (3 de octubre de 2025). «Villalobar, el diplomático español que salvó vidas en la Gran Guerra». El Debate. Consultado el 22 de marzo de 2026.
  4. ↑ Rosenbusch, Anne (27 de enero de 2017). «Guerra Total en territorio neutral: Actividades alemanas en España durante la Primera Guerra Mundial». Hispanis Nova (en inglés) 15 (0): 356-357. ISSN 1138-7319. doi:10.20318/hn.2017.3493. Consultado el 22 de marzo de 2026.
  5. ↑ Cámara de Comercio de Bélgica y Luxemburgo en España. «Premio Marqués de Villalobar» Archivado el 28 de junio de 2019 en Wayback Machine.. Consultada el 19 de noviembre de 2019.
  6. ↑ Ilya U. Topper. «Los secretos de Alfonso XIII, en un mercadillo turco: El archivo personal del marqués de Villalobar aparece en saldo de Ankara» (17 de septiembre de 2011)), en El Mundo.

Enlaces externos