Sitio de Mileto

Asedio de Mileto
Guerras de Alejandro Magno
Parte de guerras de Alejandro Magno
Fecha 334 a. C.
Lugar Mileto (Asia Menor)
Coordenadas 37°31′52″N 27°16′32″E / 37.531111, 27.275556
Resultado Victoria macedónica
Beligerantes
Reino de Macedonia  Imperio aqueménida
Comandantes
Alejandro Magno
Nicanor
Hegesístrato
Fuerzas en combate
160 barcos 400 barcos
Bajas
Desconocidas Desconocidas

El asedio de la ciudad de Mileto, en la península de Anatolia —actualmente en Turquía—, fue un enfrentamiento del ejército macedonio de Alejandro Magno contra el Imperio aqueménida en el año 334 a. C.

Contexto

En el 334 a. C., al inicio de la campaña de Alejandro Magno contra el Imperio aqueménida, los macedonios habían vencido en la batalla de Gránico. A continuación avanzaron de norte a sur por la zona occidental de Anatolia, ocupando sin apenas resistencia diversas ciudades de Eolia y Jonia. Mileto fue la primera ciudad donde hallaron una resistencia importante.[1]

El asedio

Relato de Arriano

Cuenta Flavio Arriano que Alejandro, en un primer ataque contra Mileto, había ocupado la parte llamada Exterior y había establecido allí un campamento. Hegesístrato, que comandaba la guarnición que defendía Mileto, había prometido a Alejandro la entrega de la ciudad pero había dado marcha atrás a su promesa porque recibió la noticia de que el ejército persa estaba cerca. Sin embargo, la flota griega de 160 naves, dirigida por Nicanor, se adelantó a la llegada de los persas por tres días y fondeó frente a Mileto, en la isla de Lade.

Cuando llegaron, las aproximadamente 400 naves persas se establecieron en el promontorio de Mícale. Pese a que el general macedonio Parmenión —que había interpretado de manera favorable un augurio divino— aconsejó a Alejandro ordenar un ataque por mar, este consideró que no era buena idea el enfrentamiento de una flota como la suya, muy inexperta, contra unas fuerzas muy superiores en número.

Alejandro decidió el asedio de Mileto por tierra, así que atacó el muro con sus máquinas de guerra para tratar de abrir brechas por donde penetraran sus soldados para realizar el asalto. Entretanto, la flota de Nicanor llegó al puerto de Mileto en una formación cerrada para evitar que pudieran llegar los barcos persas a auxiliar a los asediados. Los macedonios asaltaron la ciudad, matando a muchos milesios dentro de ella y otros fueron masacrados por la flota griega cuando trataban de huir en unas chalupas. Solo algunos consiguieron escapar nadando sobre sus escudos hasta una isla cercana. Una vez tomada la ciudad, Alejandro también pretendió atacar a los que habían podido huir a la isla cercana, pero finalmente les propuso un acuerdo si se unían a su ejército.

Los barcos persas que seguían en Mícale realizaban incursiones contra los griegos para incitarles al combate, pero estos permanecían guardando el puerto de Mileto para evitar la entrada en él de los persas. Luego, las naves persas, a las que les faltaban suministros, tuvieron que ir a aprovisionarse a la isla de Samos. Al volver a Mileto se dispusieron frente al puerto y cinco de sus naves trataron de capturar algunas naves macedonias que habían quedado momentáneamente sin tripulación. Sin embargo los macedonios se percataron de la maniobra y mandaron diez naves a combatir a las cinco persas. Consiguieron apresar a una, aunque las otras cuatro pudieron regresar a resguardarse entre el resto de su flota. Cuando las naves persas vieron que no podían conseguir su objetivo se alejaron de Mileto.[2]

Relato de Diodoro Sículo

En el relato de Diodoro se narra que Alejandro realizaba cada día ataques contra los muros de la ciudad. Inicialmente los sitiados aguantaron bien puesto que había muchos soldados entre los defensores y otros elementos útiles para resistir un asedio. Luego, el endurecimiento del sitio por parte de los macedonios mediante las máquinas de guerra y el bloqueo por el mar fue lo que consiguió la entrada de los atacantes en la ciudad. Entonces los milesios se entregaron a Alejandro, que fue generoso con ellos. A los persas, sin embargo, los trató de manera diferente: muchos de ellos murieron, aunque algunos pudieron escapar. A los que pudo capturar los vendió como esclavos.[3]

Referencias

  1. ↑ María José Hidalgo de la Vega, Juan José Sayas Abengochea, José Manuel Roldán Hervás (1998): Historia de la Grecia Antigua, pp. 344-345. Salamanca, Universidad de Salamanca. ISBN 84-7481-889-3.
  2. ↑ Arriano, Anábasis de Alejandro Magno I,18,3-I,19,11.
  3. ↑ Diodoro Sículo, Biblioteca histórica XVII, 22.