Colegio menor

La denominación de colegio menor, lo mismo que la de colegio mayor, ha permanecido vigente desde la Baja Edad Media hasta el presente. Sin embargo, su significado, más allá de referirse siempre a una institución educativa, no ha sido siempre el mismo.

Historia

Desde su fundación hasta el fin del Antiguo Régimen (S. XV-S. XIX)

Colegio menor de San Jerónimo en la Universidad de Alcalá.

Entre los siglos XV y XIX se denominaron colegios menores a los que existían en las universidades, que albergaban, y a veces daban enseñanza, a colegiales que, en calidad de becarios, pretendían obtener una titulación menor: la de bachiller. Sin embargo, en sus constituciones y forma se parecían a los colegios mayores.[1]

Un colegio mayor era una institución que albergaba, y a veces impartía docencia, a colegiales becarios de grados mayores (licenciatura y doctorado); algunos de los colegios mayores tenían adscrito uno o varios colegios menores, para que los estudiantes obtuvieran los grados menores.

Entre las universidades españolas, los colegios menores fueron especialmente numerosos en Salamanca y Alcalá de Henares. Su regla era la fundación respectiva o las reformas que en determinadas épocas se habían hecho en ellas por disposiciones superiores. Algunos pretendían igualarse a los mayores, y llegaron a usar este mismo título, pero nunca se confundieron con ellos ni gozaron de su influencia y preeminencias; por lo que se les denominaba majores inter minores.[2]

Los colegiales estaban sujetos al régimen interior de sus respectivas casas, donde residían, asistían a actividades formativas y realizaban ejercicios académicos; pero también estaban obligados a asistir a clases y a realizar los exámenes en la universidad, que era la que otorgaba los diferentes grados, menores y mayores.

Decadencia y extinción de los colegios mayores y menores

La mayoría de los colegios universitarios, mayores y menores, en decadencia desde las reformas aprobadas por Carlos III en 1777 y Carlos IV en 1798, se extinguieron con la llegada del Estado Liberal, después de que las leyes de desamortización, civil y eclesiástica, les privasen de la mayor parte de las rentas de que disponían para su funcionamiento. Por otra parte, a mediados del siglo XIX se crearon los primeros Institutos de Segunda Enseñanza, y en 1870, por Ley de 7 de mayo (Gaceta de Madrid de 10 de mayo) quedaron definitivamente abolidos los diferentes grados de Bachiller en las facultades universitarias. Estos estudios, con la reforma citada, se unificaron con el nombre de grado de bachiller y dejaron de impartirse en la universidad, pasando a los institutos y a los colegios privados habilitados, aunque los alumnos de estos últimos debían examinarse en los institutos de los que dependían. En lo que respecta a los pocos colegios menores que subsistían, esta reforma hizo que dejasen de ser universitarios exclusivamente, al poder ser becarios de los mismos estudiantes de bachillerato, que ahora ya no eran universitarios. Del escaso número de colegios menores que permanecían abiertos puede darnos una idea el número de becas convocadas para ellos en la Universidad de Salamanca en 1876:  40 (20 para los colegios mayores), tantas como colegios menores había en la época dorada de estas instituciones. De esta forma, cuando se llega a principios del siglo XX apenas quedaba rastro de los antiguos colegios menores, ni de los mayores. En este sentido, resulta interesante comprobar como en las definiciones respectivas del diccionario de la Real Academia Española, desde la edición de 1869 se habla en pasado: «Colegio Menor. Comunidad de jóvenes dedicados a las ciencias que vivían dentro de una misma casa…», mientras en las anteriores se utilizaba el presente: «Colegio Menor. Comunidad de jóvenes dedicados a las ciencias que viven dentro de una misma casa…». Y lo mismo ocurría con las definiciones de Colegio Mayor.[3]

La restauración de los colegios mayores y menores durante el franquismo

Hubo de diversos intentos de revitalización de los antiguos colegios universitarios durante todo el siglo XIX y el primer tercio del XX, habitualmente coincidentes con épocas de gobiernos conservadores, pero ninguno tuvo éxito. La verdadera restauración del antiguo modelo llegó con el Franquismo. Por Decreto de 19 de febrero de 1942 (BOE de 9 de marzo) se restauraban los Colegios Mayores, apelando a la importancia histórica de los mismos: «pilares básicos de la grandeza de la cultura española” en los “siglos áureos”». Estos colegios los podría instituir (Art. 4º) el Ministerio de Educación, las propias universidades o la Falange Tradicionalista y de Las JONS. En su práctica educativa, se inspiraron en principios semejantes a los que tenían las antiguas fundaciones colegiales, más todos aquellos consustanciales con los postulados del Movimiento Nacional (Art.7º), pero perdiendo, desde luego, el carácter autónomo de aquéllas.[4]

No tardó de aplicarse el mismo modelo a los estudiantes de enseñanzas medias, adoptando para estos colegios el nombre de Colegios Menores de la Juventud, colegios que comenzó a poner en marcha el Frente de Juventudes a partir de 1951. Este modelo de los colegios menores quedó regulado por el Decreto 856/1963 (BOE de 27 de abril), que también abría la posibilidad de esta consideración a los colegios promovidos por el propio Ministerio de Educación, por los Centros oficiales de Enseñanzas Medias, por los organismos de la Iglesia, por corporaciones públicas o privadas,  por particulares  o por cualquier otro organismo del Movimiento. Pero, en la práctica, el mayor número de colegios correspondió a los promovidos por el Frente de Juventudes (cerca de cincuenta masculinos), y por la Sección Femenina de la Falange (unos veinte femeninos), y estos fueron los que se conocieron comúnmente como “Colegios Menores”. En cuanto a los fines perseguidos, régimen de funcionamiento y tareas formativas eran muy similares a los que había establecido el Decreto de 1942 que regulaba los colegios mayores, salvo, claro está, en que estos últimos eran colegios universitarios y los colegios menores no, aunque algunos disponían de ciertas plazas para estudiantes universitarios, habitualmente de Magisterio.[5]

Véase también

Referencias

  1. ↑ Lorenzo Arrazola. Enciclopedia española de derecho y administración (tomo IX). Madrid: Imprenta de la Revista de Legislación y Jurisprudencia; 1856. p.708.
  2. ↑ Valle Martín JL (coordinador). Colegios menores seculares de la Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá, 2012.
  3. ↑ Olea, Jose Manuel Varela (31 de agosto de 2022). «Colegios Mayores: origen, decadencia y restauración». Aportes. Revista de Historia Contemporánea 37 (109). ISSN 2386-4850. Consultado el 12 de abril de 2026.
  4. ↑ Carabias Torres, Ana María (2013). Evolución histórica del colegio mayor. Del siglo XIV al XXI. ISSN 2173-9536. Consultado el 12 de abril de 2026.
  5. ↑ «BOE-A-1963-8993 Decreto 856/1963, de 18 de abril, por el que se reglamentan los colegios menores para alumnos de enseñanza de grado medio.». www.boe.es. Consultado el 12 de abril de 2026.